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Ciudad de México.- La varicela es una enfermedad frecuente en la infancia, pero haberla padecido no significa que el virus desaparezca del organismo. El virus varicela-zóster puede permanecer en estado latente durante años o incluso décadas y, al reactivarse, causar una enfermedad diferente: el herpes zóster, según explica José Luis Alfredo Mora Guevara, secretario académico de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza (FES) de la UNAM.
El herpes zóster generalmente afecta a adultos y se estima que en México se registran cerca de 220 mil casos nuevos cada año, principalmente en personas mayores de 50 años.
¿Qué es el virus varicela-zóster?
Según la Cleveland Clinic, este virus provoca la varicela, el herpes zóster y otras infecciones. Se aloja en los ganglios del sistema nervioso, estructuras formadas por neuronas que reciben y transmiten información sensorial del cuerpo. Estas células, de larga duración y lenta renovación, se convierten en un refugio ideal para el virus, que puede permanecer inactivo mientras el sistema inmunológico se mantenga fuerte.
Estudios antiguos observaron que las lesiones del herpes zóster siguen trayectorias específicas en la piel, generalmente afectando un solo lado del cuerpo. Estas zonas corresponden a los dermatomas, regiones conectadas a un nervio sensorial específico. Al reactivarse, el virus viaja por el nervio causando inflamación, daño neuronal y dolor intenso. Es importante destacar que solo puede desarrollarse en personas que hayan tenido varicela previamente.

Síntomas del herpes zóster
La enfermedad inicia con una fase prodrómica, caracterizada por dolor quemante, hormigueo o picazón en una zona determinada, comúnmente en el torso, aunque también puede afectar la cara o los ojos.
Posteriormente aparece una erupción rojiza con ampollas llenas de líquido, siguiendo el trayecto del nervio afectado y presente en un solo lado del cuerpo. Las lesiones forman costras y cicatrizan entre dos y cuatro semanas.
Cuando el virus afecta los ojos o la punta de la nariz, se considera grave y requiere atención médica inmediata, pues puede causar inflamación de la córnea (queratitis), uveítis, glaucoma o pérdida parcial o total de la visión. Durante el brote, el dolor puede ser intenso incluso ante estímulos leves, como el roce de la ropa.
Complicaciones: neuralgia posherpética y riesgos adicionales
Aunque el dolor suele desaparecer al sanar la piel, algunos adultos mayores pueden desarrollar neuralgia posherpética, un dolor crónico que puede durar meses o años. En casos graves, también puede presentarse parálisis facial.
El riesgo aumenta cuando el sistema inmunológico se debilita por factores como enfermedades graves (cáncer, VIH), tratamientos inmunosupresores, envejecimiento, estrés o enfermedades crónicas como la diabetes mal controlada.

Prevención del herpes zóster
La vacunación es la forma más efectiva de prevención, especialmente en adultos mayores de 50 años o personas con factores de riesgo. Existen dos vacunas:
• Zostavax: virus vivo atenuado; su efectividad disminuye con el tiempo y actualmente se utiliza menos.
• Shingrix: vacuna recombinante con cerca del 90 % de eficacia, administrada en dos dosis, incluso para quienes ya tuvieron la enfermedad.
Diagnóstico y tratamiento
El herpes zóster se diagnostica principalmente de forma clínica, observando los síntomas y la distribución unilateral de las lesiones. En casos atípicos, se puede recurrir a pruebas como la PCR para detectar el material genético del virus.
El tratamiento con antivirales es más efectivo si se inicia dentro de las primeras 72 horas desde la aparición de las lesiones, ya que ayuda a reducir la duración del brote, el dolor y el riesgo de complicaciones.