
México.- Tras doce rounds intensos, Junto Nakatani levantó la mano frente a Sebastián Logan Hernández. Ganó en el papel, pero la lectura oficial contó otra historia. La tarjeta 118–110 —más que amplia, inverosímil— terminó robándose el foco, no por la victoria, sino por lo que ignoró dentro del ring.
Nakatani inició como se esperaba: largo, ordenado, con una zurda precisa y control del ritmo. Sin embargo, el combate cambió cuando Hernández dejó de respetar jerarquías. A mitad de la pelea le encontró el tiempo, atacó el cuerpo y lo presionó sin complejos. No fue un dominio técnico, fue insistencia pura. Desde ahí, el japonés dejó de mandar y comenzó a responder.
😅 DEJARLO TODO, DESCRIPCIÓN GRÁFICA
— ESPN KnockOut (@ESPNKnockOut) December 27, 2025
😨 Así quedó el rostro del japonés Junto Nakatani luego del combate ante el mexicano Sebastián Hernández.
😉 Valió la pena para mantener su invicto... pic.twitter.com/74qsGxQnKL
Entre el séptimo y el undécimo asalto, Nakatani pasó demasiado tiempo resolviendo presión cerca de las cuerdas. Conectó los golpes más claros, sí, pero cedió control. Hernández no ganó la pelea, pero sí suficientes episodios para volverla incómoda y exponer una grieta: a Nakatani no le gusta que lo caminen sin miedo.
Las tarjetas 115–113 son defendibles; la 118–110 no lo es. Esa calificación borra la segunda mitad del combate y castiga la iniciativa. Hernández peleó contra el rival y contra el contexto. Nakatani ganó, pero salió señalado. Y cuando el papel miente, el ring —tarde o temprano— pasa la factura.