
México.- El Tren de Aragua llegó a América Latina sin ostentación ni conquista territorial, pero dejando a su paso miedo, silencio y cuerpos como advertencia. Lo que comenzó como una banda carcelaria en Venezuela se ha transformado en una organización criminal que opera en varios países, dedicada a la explotación de migrantes, el tráfico de personas y dinero, y la violencia extrema.
criminal en esquemas de “narcoterrorismo” para intimidar y atacar a ciudadanos en Venezuela. Su actividad delictiva no se limita a un solo crimen: diversifica sus operaciones y se expande a distintas regiones.
Origen y expansión
El gobierno estadounidense identifica sus raíces en el estado venezolano de Aragua, donde surgió como banda carcelaria. En pocos años, la organización extendió su influencia por América, convirtiendo el tráfico de personas, especialmente migrantes vulnerables, en su principal fuente de ingresos y plataforma para otros delitos.
Con el tiempo, el grupo sumó actividades como minería ilegal, secuestro, trata de personas, extorsión y tráfico de drogas, incluyendo cocaína y MDMA. Las autoridades alertan que el Tren de Aragua representa una seria amenaza regional, tanto por el volumen de delitos como por la violencia extrema que utiliza para controlar territorios y víctimas.
Uno de los patrones más documentados es la explotación de mujeres y niñas migrantes, transportadas a través de fronteras para trabajo forzado y explotación sexual. Aquellas que intentan escapar suelen ser asesinadas, y sus muertes son difundidas como advertencia.

Presencia y redes criminales
El Tren de Aragua opera en países como Perú, México, Ecuador, Chile, Estados Unidos y Colombia, utilizando estructuras empresariales y redes delictivas para mover dinero ilícito y encubrir actividades criminales. La organización ha establecido alianzas con bandas locales y criminales de otros países, incluyendo acuerdos de no agresión y repartición de rentas criminales.
Entre sus vínculos se encuentran la banda carcelaria del Centro de Reclusión Judicial de Trujillo, liderada por Álvaro Enrique Montilla Briceño (“El Loro”), y la banda de “El Santanita” del estado venezolano de Lara, que se dedicaba a secuestros y extorsiones. Además, el Tren de Aragua ha coordinado operaciones con el Primeiro Comando da Capital (PCC) de Brasil, considerado el grupo criminal más grande del país.

Actividades en México
En territorio mexicano, la banda se ha centrado en la trata de personas, la explotación sexual y el cobro de cuotas a migrantes. El grupo atrae a sus víctimas con falsas ofertas laborales fuera de sus países de origen, financia cirugías estéticas y, tras su recuperación, las obliga a pagar comisiones para poder trabajar. Paralelamente, se les investiga por lavado de dinero y violaciones a normativas comerciales.
Sus operaciones no se limitan a la capital, encontrándose actividad en Chihuahua, Chiapas y Quintana Roo, con especial concentración en el centro del país. En la frontera norte, especialmente en Baja California, Tamaulipas y Chihuahua, la organización se ha enfocado en cobrar cuotas a migrantes por distintos servicios.