Pausan rescate en edificio colapsado

2026-08-14 12:57:29   43 Visitas


Pereira, Colombia.- La emergencia en Colombia continúa. Hasta el corte del 13 de agosto, hay 281 muertos, casi 4 mil heridos y 379 personas desaparecidas. Los trabajos para reconstruir varias ciudades continúan, mientras muchos residentes lamentan lo perdido.

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El lunes, cuando ocurrió el terremoto de magnitud 7.4 en Colombia, Viviana salió a comprar el desayuno con su hermano Pablo. Fueron por pan. La tienda estaba ubicada en la planta baja de un edificio de cinco pisos, en la ciudad de Pereira. Ella salió corriendo; él se quedó.


"Las 72 horas de la llamada “ventana de vida” se superaron hace mucho. Ayer llegó maquinaria pesada para retirar los escombros del complejo de departamentos donde Viviana y su hermano vivieron el temblor. Ella piensa que nunca más verá el cuerpo de Pablo. “Le aseguro que si fuera el hijo de alguna persona importante, no hubieran parado eso. No, no hubieran parado. ¿Por qué siempre vulneran a las personas de bajos recursos?”, dijo Viviana a Imagen Noticias de la Noche, mientras llora desconsoladamente.


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Tres días después del terremoto ya no existen divisiones ni pisos; todo se reduce a una enorme montaña de escombros… Una montaña que despide un olor penetrante que actúa como recordatorio de la tragedia. Para Viviana, recuperar el cuerpo de su hermano es un acto de respeto. No le importa si está vivo o muerto, dice: “Lo necesito para darle un funeral, un entierro digno”.

Viviana y Pablo son vendedores ambulantes. Antes del terremoto vivían en el Hotel Dibeni, que también se cayó. Ahora, junto a su hija de 16 años, se turna con otros afectados para dormir en una casa de campaña en Plaza La Libertad. Según menciona, las autoridades los dejaron atrás por su situación económica: “Digamos que es la zona roja de Pereira, pero somos seres humanos. Necesitamos ayuda”.


Lo que antes era un punto de reunión para comerciantes y vecinos, hoy es un albergue improvisado donde las colchonetas abundan. Maribel, por ejemplo, comparte una casa de campaña individual con su mamá y su hermana.

Ambas son personas con discapacidad. La mujer, que a pesar de la situación se mantiene tranquila, recuerda cómo vivió el día del terremoto: “Toda la gente salió y las últimas fueron ellas. Mi mamá sí puede caminar con un bastón. Mi hermanita se arrastra porque ella no es capaz de caminar. Todos los escombros cayeron, pero no las alcanzaron a atrapar”.

Marlén también vive aquí. Ella es venezolana. Vino a Colombia con su hijo y su esposo buscando mejores oportunidades. Ahora vive con su familia y tres amigas en una jardinera en la que, dice, hace frío y hay ratas.


Edición: Nallely Durán