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Nueva York, EU.- La defensa de Naasón Joaquín García, el líder de la iglesia de La Luz del Mundo (LLDM), procesado en Nueva York por múltiples delitos, cuestionó que se acuse a su cliente –y a sus ancestros– de liderar un presunto sistema de abusos sexuales y manipulación que, dicen, también ocurre en la Iglesia católica.
En una carta enviada a la jueza Loretta Preska, responsable del caso, con la cual solicitan el acceso a varios materiales del caso en preparación para una moción que presentan en julio, los defensores critican que los fiscales equiparen a la LLDM con una empresa criminal, a partir de creencias, prácticas y situaciones que también ocurren en el catolicismo.
En una carta enviada a la jueza Loretta Preska, responsable del caso, con la cual solicitan el acceso a varios materiales del caso en preparación para una moción que presentan en julio, los defensores critican que los fiscales equiparen a la LLDM con una empresa criminal, a partir de creencias, prácticas y situaciones que también ocurren en el catolicismo.
Defensa relaciona encuentros sexuales con "acercamiento a Dios"
“El gobierno no puede —y (presumiblemente) no sostiene— que el propósito de toda la Iglesia, con sus millones de miembros y su historia centenaria, haya sido y sea simplemente procurar parejas sexuales para Naasón García, su padre y su abuelo.
“Esto sería equivalente a acusar a la Iglesia Católica de ser una conspiración criminal de dos mil años cuyo propósito fuera procurar monaguillos como víctimas de abuso sexual mediante la promulgación, manipulación o corrupción de las doctrinas de la Iglesia”, señala la misiva.
En el escrito, los litigantes no cuestionan el hecho de que hayan ocurrido los encuentros sexuales, que varias de las víctimas narran en sus testimonios; lo que pretenden advertir, y para ello han solicitado acceso a la totalidad de las declaraciones, es que esos encuentros se llevaron a cabo, supuestamente, dentro de los parámetros y creencias religiosas de la iglesia de LLDM.
Los litigantes agregan que varias de las víctimas, todas mayores de edad, afirmaron que accedían a los encuentros sexuales porque consideraban que era forma de estar “más cerca de Dios”. Se trata, dicen, de una creencia basada en una fe religiosa que comparten personas adultas, y no en un mecanismo de coacción o coerción espiritual ilegal.