Ciudad de México.- A casi cuatro décadas de aquel episodio, salió a la luz una de las historias más curiosas y polémicas del mundo del entretenimiento latinoamericano: el día en que el Cártel de Cali pagó una fortuna para tener al elenco de “El Chavo del 8” animando una fiesta infantil.
El suceso ocurrió en 1986, cuando los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, líderes del poderoso grupo del narcotráfico colombiano, pagaron alrededor de 220 mil dólares —una cifra equivalente a más de 189 millones de pesos mexicanos actuales— para que los actores del popular programa mexicano acudieran a la celebración de un hijo de uno de ellos.
Entre los invitados especiales se encontraban Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, María Antonieta de las Nieves (La Chilindrina), Rubén Aguirre (Profesor Jirafales) y Édgar Vivar (Señor Barriga), quienes habrían viajado a Bogotá sin conocer la verdadera identidad de sus contratantes.
Según testimonios citados en el reportaje, la contratación se llevó a cabo a través de intermediarios, por lo que el elenco desconocía que actuaban para una organización criminal. Los actores fueron tratados con hospitalidad y profesionalismo durante el evento, y únicamente tiempo después supieron que se trataba de una fiesta organizada por los cabecillas del grupo delictivo.
La revelación ha causado sorpresa entre los seguidores del icónico programa, que marcó generaciones en América Latina y se convirtió en uno de los mayores éxitos de la televisión mexicana. La anécdota, además, refleja la enorme influencia cultural de “El Chavo del 8”, capaz de cruzar fronteras y contextos, incluso los más inesperados.